martes, 26 de enero de 2010



La primera impresión que provocan los desbordes de una sensibilidad mucho tiempo refrenada va seguida, en todo jóven, de ese asombro casi estúpido que les producen a los niños los primeros sonidos de la música.

Hay niños que piensan y ríen, otros que no ríen sino después de haber pensad; pero aquellos cuya alma está llamada a vivir de poesía o amor, escuchan largo rato y piden la repetición de la melodía con una mirada en la que ya se enciende el placer o disputa la curiosidad del infinito.

Si amamos aquellos lugares en que, cuando niños, nos iniciamos en las bellezas de la armonía, si nos acordamos con delicia del músico y hasta del instrumento, ¿cómo defendernos del primer ser que nos revela las músicas de la vida?
Fragmento: La búsqueda de lo absoluto - Honoré du Balzac

1 comentario:

María Gabriela dijo...

muy interesante el blog!me gustó saludosss!